¿Catalán yo? Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

Esta panda de subvencionados dementes, porque no tienen otro nombre, celebró además un aquelarre que fue bautizado como “I encuentro de municipios moralmente excluidos de la constitución española”.

 

Me reprochan algunos un “anticatalanismo enfermizo”, advirtiéndome escandalizados que eso supone una renuncia a mis raíces más profundas. Yo siempre he preferido decir que soy anti independentista furioso, sin matices. Ahora bien, no puedo dejar de admitir que la lluvia, no ya fina, sino torrencial, que procede de mi tierra y que consiste de manera abrumadora en un papanatismo supremacista fuera de toda razón histórica, está llevándome a identificar con cada día mayor frecuencia separatismo con catalanismo. Y es que no me veo capaz de definir qué demonios es el catalanismo como ideología política, más allá de una convicción pedante e irritante de superioridad moral. Les pongo un ejemplo, largo pero creo que interesante: es la traducción de una mínima parte de los estatutos de la Asociación de Municipios para la Independencia, que agrupa a unos centenares de ayuntamientos catalanes. En concreto de su exposición de motivos. O de vómitos, podríamos decir cambiando apenas unas letras de sitio. Es repugnante. Palpen el odio, el rencor, la mentira, la envidia apenas camuflada de desdén. Y eso lo firman “los tíos de la vara”, ya saben, los que van a toque de pito y de talonario a apoyar a los procesados a las puertas de los tribunales.

Sabemos que la situación actual de Cataluña respecto al estado español no difiere de la de otros pueblos que en un momento determinado de su historia han clamado por la libertad.

Todos sabemos que Cataluña es un país milenario con todo aquello que en derecho conforma una nación: lengua, cultura, derecho, tradición, instituciones, sentimiento de pertenencia, voluntad de ser. País abierto que acoge a todo el que quiera ser acogido.

Conocemos que las estructuras de poder de las metrópolis no permiten fisuras legales en su seno que posibiliten a los pueblos a ellas sometidas manifestar de forma efectiva sus anhelos de libertad; por lo tanto, cualquier iniciativa, por pacífica que sea, ha de ser ahogada con sentencias de tribunales encuadrados en las propias estructuras, con iniciativas legislativas agresivas por parte de mayorías ajenas al pueblo y con actuaciones coercitivas del poder ejecutivo central.

Sabemos que la historia del estado español tiene una merecida fama alrededor del mundo procedente de su intolerancia hacia todo aquello que no es su propia raíz cultural y nacional, en definitiva, hacia todo aquello que no es castellano. Desde el nacimiento de los estados modernos durante el Renacimiento, Castilla, núcleo básico de las Españas, “Castilla hizo las Españas”, dijo un poeta castellano, no supo estar nunca en el lugar que le correspondía, tratando a los pueblos y naciones asociados o sometidos como pueblos o naciones de segunda o tercera. 

Todos conocemos la historia que nos habla de guerras absurdas como las de Flandes, en la cual España enterró vidas, fortuna y prestigio para nada, y a la cual Cataluña se opuso de forma sangrienta; nos habla de los anhelos conseguidos por Portugal; nos habla del trato recibido por las antiguas colonias de América, Asia y Africa: ““Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia lo que ignora”, dice el mismo poeta. Y hoy el espíritu de España, que es el de Castilla, continúa exactamente igual. 

Es de todos conocido que este mismo espíritu agresivo, excluyente e inquisitorial, apartó a España de las corrientes científicas, políticas y humanistas que se desarrollaban en Europa y América. Cataluña, sin embargo, continuó manteniendo su lengua, su cultura, su derecho, sus costumbres, sus instituciones y su conciencia nacional desde antes de la misma formación del estado español, dentro del que Cataluña se ha sentido incómoda y menospreciada, obligándola constantemente a luchar con armas diversas para mantener y hacer valer su ser y su identidad. 

Todos conocemos el expolio fiscal histórico y actual, suficientemente documentado, iniciado con Felipe V y que ha continuado a lo largo del tiempo sin interrupción, intensificándose cada vez más las campañas contra Cataluña – contra sus símbolos de identidad y contra sus gentes – en los medios de comunicación de ámbito español y en las declaraciones de los políticos, particularmente en cualquiera de las campañas electorales. De todo esto queda constancia documentada en las hemerotecas y archivos audiovisuales. 

Sabemos que en Cataluña el trabajo, la ciencia, las artes, el pensamiento siempre han estado en la vanguardia de  la realidad y del sentimiento del pueblo, en contraposición a la dedicación de las élites españolas de habla castellana, dedicadas a la gran administración, el ejército y la judicatura. Nos remitimos al Decreto de Nueva Planta para fundamentar el inicio de este hecho. 

Tenemos muy presente que las agresiones a Cataluña a través del menosprecio de su lengua, el ahogamiento de su economía por diversas vías _comunicaciones, incentivos a competencias contrapuestas, fiscalidad, incumplimiento presupuestario y una larga lista de agravios-, el rechazo constatado a todo aquello que nos configura como pueblo y como nación milenaria comporta la necesidad de volver a ser lo que, de hecho, nunca hemos dejado de ser: un pueblo, pero con un estado propio que posibilite vivir en paz y haga posible el trabajo de nuestra gente sin ser expoliados ni expoliar. Poder vivir con nuestro derecho, nuestra cultura, nuestros deberes, nuestros servicios y nuestras servidumbres, pero en todo caso nuestras. 

Es de todos conocido que Cataluña ha sufrido por parte de España, desde 1714 y también antes – recordemos al Conde Duque de Olivares y su “Unión de Armas”- la opresión cultural y la militar, como también la han sufrido otras naciones del planeta en circunstancias similares. El exilio o la prisión han marcado muchas vidas, y otras han sido segadas en nombre de un concepto primario y de uniformidad de España, llevado a cabo por el ya mencionado Felipe V, pasando por Primo de Rivera, hasta la “España grande” y “Unidad de destino en lo universal” del franquismo, como también por otros personajes actuales que configuran el protagonismo de la historia de la transición. Consideramos que siempre es la hora y el momento para reclamar la dignidad y la libertad, vivir en definitiva, bien este que “no se compra ni se vende, pueblo que merece ser libre si no se lo dan lo toma”, como muy bien expresa otro poeta.

El estado español, caído en descrédito internacional, que organiza un referéndum para aprobar una constitución europeo que no lleva a ninguna parte, y que cambia su propia constitución por medios legales pero no morales, ha demostrado sobradamente que pese a disponer de la potestas, ya no tiene la auctoritas. En cambio, los ayuntamientos y sus alcaldes tenemos una potestad, en parte derivada, pero una autoridad bien ganada e incontestada: somos administración básica. Teniendo en cuenta que los alcaldes de los respectivos municipios representamos personas, territorio y organización, que somos deudores de una gestión que ha de repercutir en la mejora de vida de nuestros conciudadanos, situación esta que no puede garantizar un estado español siempre en fase de construcción, que no encuentra el rumbo, con una administración pesada, lenta e inmensa que solo es efectiva cuando las diversas fuerzas e instancias convergen en un enemigo común que es Cataluña – recordemos el establecimiento indiscriminado de autonomías para regiones que nunca la habían pedido y la LOAPA posterior.

 

Esta panda de subvencionados dementes, porque no tienen otro nombre, celebró además un aquelarre que fue bautizado como “I encuentro de municipios moralmente excluidos de la constitución española”. Pues qué quieren que les diga, sí: si esta patulea representa la catalanidad me proclamo avergonzado de mi condición, perfectamente involuntaria, de ciudadano catalán. Quiero creer que no, que el día 21 de diciembre aparecerán como setas otros catalanes, sucesores de aquellas legendarias criaturas sensatas, fiables, industriosas y hasta admirables, tanto al menos como los ciudadanos de cualquier otro lugar, que en las etapas históricas en que no han sido víctimas de enajenación mental colectiva dieron fama y prosperidad a su región. Si eso es así, me reconciliaré gustoso con la idea de ser un ciudadano español de Cataluña.

Entre tanto, no puedo evitar constatar que todo lo procedente de las administraciones públicas catalanas, de sus entidades públicas o semipúblicas es pura basura intelectual y moral.

 

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Contra la visión castellanista del español. Por Iván Vélez @IvanVelez72

Nos hemos acostumbrado a utilizar el término “español” y “castellano” en función de inclinaciones políticas, sin saber exactamente qué implica cada palabra. Los hispanófobos hasta hace un tiempo utilizaban la palabra “castellano” rehuyendo nombrar el español. Ahora que asistimos al clímax independentista y que ninguna palabra es inocente sino que lleva una carga ideológica insoportable, el nacionalismo habla ya de lengua española, no para reconocer su ámbito nacional, más bien al contrario, sino para tratarla como una lengua extraña a sus regiones. Tanta estupidez  sólo puede ser motivada por un enfermizo sectarismo y por su gran aliado, la ignorancia. Es por ello que compartimos en el blog el artículo de Iván Vélez publicado en Altamira. Revista de Estudios Montañeses, Núm. 81, 2011, págs. 307-312.

 

“La lengua española constituyó un decisivo aglutinante para el Imperio, contribuyendo a configurar un bloque histórico de escala mundial del que España no es ya, si atendemos al número de hispanohablantes, sino parte de su dintorno. Pese a ello, desde hace más de un siglo, operan en nuestra nación facciones hispanófobas que son conscientes de que atacar al español es atacar a España. En efecto, varias son las regiones españolas que se emplean a fondo para erradicar la lengua de Cervantes de todo aquello que tenga que ver con el mundo oficial y la enseñanza. A esta versión fuerte de unos separatismos intoxicados por el Mito de la Cultura, hemos de añadir una más suave, aquella que, de un modo sibilino, ataca a la lengua española apelando a uno de sus nombres clásicos. Así, a la lengua hablada por los hombres hispanizados, en lugar de español, se le llamará «castellano», dejando la puerta abierta, en España, a la equiparación con lenguas regionales.”

 

https://t.co/rkAbXotVNL

 

Flora y fauna catalanas, y sus cuidados electorales. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

El ecosistema catalán que compone los famosos (y teóricos) dos millones y pico de independentistas  puede dividirse en unas cuantas especies y recibir diferentes mensajes electorales de cara al 21D:

1. Por un lado están los “indepes haters, odiadores”. Aquellos que están guiados por el odio a España y a todo lo que suene a español, y que no atienden a ningún argumento que no sea el resentimiento y el rencor. Resumiendo: a estos les dirías que el precio de la independencia va a ser prescindir de la energía eléctrica y vivir a oscuras alumbrándose con velas, y accederían a ello. Todo con tal de librarse de España. No vale la pena por tanto realizar el menor esfuerzo por convencerles. Pero sí se puede intentar desmovilizarles. Para ellos el elemento más desmotivador es todo aquello que consideren una traición por parte de “los suyos”. Y traición es todo lo que se desvíe mínimamente de la línea recta que conduce al precipicio. Por ejemplo, que ahora Forcadell diga que acata el 155 y que la independencia fue simbólica, que Nuet aporte actas diciendo que él no firmó la declaración, que Santi Vila esté en libertad con fianza porque accedió a declarar y se bajó del tren media hora antes del descarrilamiento. A esta especie estas cosas le afectan mucho. La llevan a la desmoralización, al enfado monumental, al señalamiento de traidores e infiltrados por doquier… y probablemente a quedarse en casa el día de las votaciones, ya que son firmes convencidos de que la independencia solo se obtiene, a cualquier precio, por la fuerza y la violencia, sea física, verbal, o de hechos consumados. Hay que cultivar y propiciar por lo tanto esos elementos desmotivadores. No cambiarán de idea, pero si llegan a la conclusión de que “el sistema” les ha infiltrado con traidores y soplones decidirán no participar de ese sistema. Ayudémosles con habilidad y astucia. Con la misma facilidad caen en el exceso que en el desánimo. “El estado os ha infiltrado y os manipula, no debéis participar en estas elecciones que legitiman el sistema que queréis destruir”.

2. Luego tenemos a los “indepes románticos”. Son en general buena gente que tiene un sentimiento indefinido de catalanidad, de superioridad, una cierta convicción romántica de que Cataluña es la nación más vieja, ejemplar, modélica y perfecta del mundo que, por un dramático giro de la historia, se ha visto siempre sometida por un vecino peleón, poco trabajador, con una personalidad muy distinta y por supuesto mucho más burda y menos cultivada. Falso de toda falsedad, claro está: adéntrense en la Cataluña profunda y verán lo que es escaso “cultivo”. Pero les da igual. Es un nacionalismo decimonónico. Viven en esa creencia aunque, a diferencia de los anteriores, totalmente cegados, estos son vagamente conscientes de que se sustenta en un ideal más que en una realidad. No votarán a partidos constitucionalistas, pero tampoco comparten la inseguridad absoluta que provoca una independencia unilateral y en manos de los radicales. Muchos de ellos (de una cierta edad ya) votaban ciegamente lo que el padre padrone Pujol representaba. Pero a medida que el liderazgo en su Convergència i Unió de toda la vida se ha ido diluyendo en personajes tan mediocres como Mas y Puigdemont su entusiasmo ha ido decayendo. Y en silencio y sin admitirlo jamás en voz alta la corrupción les avergüenza. Creían a “los suyos” distintos, y han visto que no lo son. Son gente conservadora, extremadamente conservadora, temerosa de los cambios bruscos, y no entienden cómo han llegado hasta aquí. Son etnicistas, son racistas sin ser conscientes de lo infame que eso es. Pero al propio tiempo, desde un punto de vista electoral, eso se traduce en que podrían llegar a plantearse apoyar a escondidas a un partido no independentista, siempre que estuviese encabezado por un catalán pata negra o contase entre sus filas con alguno destacado. Eso sí: están muy condicionados por el entorno, por sus vecinos. Si abandonan el redil nacionalista lo harán a escondidas. Pero los disturbios, la violencia, la marcha de empresas y la bajada del consumo y del turismo les hacen pensar. Jamás pasarán abiertamente al otro bando, salvo que este tome el poder, claro: en ese caso fingirán adhesión inquebrantable, pero en su fuero interno seguirán recordando las viejas historias al amor de la lumbre sobre la “patria opressa”. “España es seguridad y estabilidad, es poder abrir la “botiga” cada mañana”.

3. Vienen a continuación los “indepes cerebrales o calculadores”. Empresarios, ejecutivos, profesionales, intelectuales y también políticos que a título personal ven la independencia como una posibilidad de promoción personal y profesional para ellos y para sus familias y empresas. Un nuevo país, aunque nazca sobre ruinas económicas, abre nuevas perspectivas de colocación: el nuevo estado necesita ministros, directores generales, magistrados, diplomáticos, y genera una oportunidad de negocios por el vacío que dejan los que se van. Está todo por hacer. Al reducirse el tamaño del país en el que competir, muchos tuertos aspiran a convertirse en reyezuelos en sus respectivos ámbitos. Pura ambición personal. Estos se guían por criterios de viabilidad. Si el embate secesionista tiene visos de triunfar, lo apoyarán. Si no, le darán la espalda. No son de fiar, en absoluto, pero su falta de principios y convicciones (más allá del dinero) les hace volubles y por tanto asequibles una vez vean peligrar el proyecto por el que han apostado hasta ahora, cuando toda la energía parecía estar en ese lado y el círculo virtuoso parecía girar a su favor. “Nadie fuera de Cataluña apoya el proceso. Las empresas se van, los negocios se esfuman. España es negocio, Cataluña es ruina”.

4. Tenemos luego a los “indepes por curiosidad”. Gentes a las que el proyecto nacional español, mal explicado, distante y empapado, por qué no admitirlo, en corrupción y un cierto aroma rancio, no les dice nada. Y por el contrario un proyecto aparentemente innovador, excelentemente vendido, inoculado en vena a través de las infinitas terminales mediáticas del separatismo de forma metódica, sin prisa, sistemáticamente, ha despertado su curiosidad. El “derecho a decidir” suena tan bien… ¿Por qué no votar y a ver qué pasa? Explícales cosas aburridas, envueltas en polvo de togas y olor a antiguo repertorio de jurisprudencia Aranzadi, como el ámbito o el sujeto de la soberanía: ¿cómo te van a escuchar si enfrente les hablan de nuevos amaneceres, de atar a los perros con longaniza, de justicia social, de futuro, de aventura? Ahí hay cientos de miles a los que simplemente el bando constitucionalista no ha hecho nunca el menor esfuerzo por seducir, por persuadir de que el elevadísimo nivel de bienestar en el que viven se debe precisamente a la seguridad y estabilidad que ofrece la pertenencia a un gran estado democrático anclado en la Europa occidental. Perfectible, claro, pero mucho más seguro que una ensoñación que se diluye como un azucarillo en cuanto se esgrimen datos y cifras. A este grupo se le persuade precisamente ahí, en el terreno de los datos objetivos, de las amenazas ciertas que implica un proceso literalmente suicida, amenazas para su propia existencia, su prosperidad, su futuro laboral y personal. “España es seguridad, la república catalana es inseguridad. Vivimos en uno de los mejores entornos del mundo, y estos tipos han estado a punto de sacarnos de él”.

5. Los “indepes por cabreo” formaron un grupo muy numeroso en los peores años de la crisis, y si en el conjunto de España fueron hábilmente instrumentalizados por movimientos como Podemos, en Cataluña han sido magistralmente reorientados contra España por el separatismo, que ha sabido culpar al estado español de todos los males. Es fácil manipular a una masa asustada y furiosa señalándole un enemigo contra el que canalizar tanta ira. A estos hay que jugarles con el argumento de la pésima gestión de la Generalitat nacionalista, que agravó la crisis en Cataluña a base de despilfarrar en las estructuras de estado. Es cuestión de hacerles volver la cabeza y señalarles un nuevo enemigo al que culpar de su precariedad, de las listas de espera, del cierre de hospitales, de los barracones… En ese sentido, una campaña intensa y breve de comunicación del escandaloso despilfarro que ha supuesto el proceso, bien explicada y cifrada, y comparada con lo que podía haberse hecho con ese dinero, sería definitiva. “Os han engañado: los recortes sociales podían haber sido mucho menores si no se hubiesen enterrado toneladas de millones en corrupción y en enchufar amigos y mantener entidades y estructuras artificiales reservadas a los amigos”

Permanezcan atentos a sus pantallas. Próximamente nos ocuparemos de la también famosa y no menos teórica “mayoría silenciosa”.

Penalti y expulsión. Pero el partido continúa. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Para el día 21D no hay izquierda ni derecha: hay separatismo frente a voluntad de construir juntos; hay supremacismo frente a igualdad; hay mezquindad frente a solidaridad; hay violación de toda ley frente a legalidad; hay fractura frente a fraternidad”.

 

Hace un par de semanas, después de las continuadas marrullerías, juego sucio, violaciones de la legalidad y trampas, el gobierno central echó mano del silbato y detuvo el partido, señalando pena máxima contra el gobierno catalán y expulsando del terreno de juego a los principales artífices de tanto abuso. Esto sucedió cuando quedaba apenas un minuto de partido y el bando separatista albergaba serias posibilidades de al menos empatar y, tal vez, aprovechando la hasta ahora sorprendente tolerancia arbitral, acabar metiendo un gol en el último instante.

El árbitro, por tanto, ha puesto las cosas en su lugar al dar al equipo constitucionalista la oportunidad, una vez expulsados los jugadores más violentos y marrulleros, de lanzar un disparo a puerta que le dé la victoria sobre el pitido final. Leer más “Penalti y expulsión. Pero el partido continúa. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu”

El arte de interrumpirse. Por Ignacia de Pano @ignaciadepano

“Hoy ha venido María Bethania, la hermana de Caetano Veloso e historia viva de los últimos cuarenta años de la MPB. Con su melena blanca y su voz emocionante, Diosa ella misma, Bethania acude a la llamada de Zeca”.

 

Zeca Pagodinho, nacido  el cuatro de julio de 1959 en Río de Janeiro, es el rey del samba. Profeta en su tierra, es adorado en los barrios pobres de la zona Norte carioca y en el Brasil entero. Carismático, de enorme personalidad, frecuentó  las rodas de samba desde pequeño y asombró pronto al mundo con su forma de cantar samba prácticamente perfecta. Nadie divide, nadie ralentiza o adelanta la melodía dentro siempre de compás, como él. Zeca Pagodinho es una estrella. Puede que la mayor de esa galaxia cuajada de ellas que es la música brasileña. Al igual que Frank Sinatra, Zeca deslumbra, apadrina, ayuda y sobre todo manda. Manda porque es inevitable, porque irradia autoridad. Zeca, el Zeca sabio que jamás se desclasó, tiene Auctoritas.

Descuidado con su forma física, aparenta unos años más de los que tiene. No renuncia ni a los churrascos de los domingos en su sítio (casa de campo) de Xerém, ni a las feijoadas de los sábados, ni a las rodas de samba en el porche y sus cervezinhas geladas. Patriarca de los suyos, lleva su barriguinha de padre de familia con total naturalidad. A Zeca Pagodinho no le importa lo que tú y yo, que jamás lo veremos en directo porque como me dijo una vez uno de los mayores productores de nuestro país, “no hay dinero para traerlo a España”, pensemos de él. Zeca Pagodinho es una de esas escasísimas personas que sabe quién es. Y lo que es Pagodinho, con su media sonrisa malandra, es el mayor sambista de Brasil. Un artista extraordinario, de los que surge uno en varias generaciones.

Zeca tiene un programa de televisión que graba en su propia casa. El programa se llama ” o quintal de Zeca”, el patio de Zeca. Pagodinho invita a un grande de la música brasileña y le rodea de los mejores músicos  y percusionistas para que se luzca y brille como nunca antes. Ël, que sabe quién es, cede el protagonismo y se dedica, exclusivamente, a asegurar el éxito de su invitado. Ahí está él, controlando la batucada con su mirada de la que nada escapa, corrigiendo con un gesto cualquier despiste de los músicos, anfitrión y capitán. El jefe.

Nadie dice que no a la llamada de Pagodinho. De las esferas sofisticadas de la bossa nova a los más modernos: todos reconocen la cadena de mando y se presentan en el patio de Zeca cuando son convocados, sabiendo que en ningún otro escenario se les cuidará más y mejor.

Hoy ha venido María Bethania, la hermana de Caetano Veloso e historia viva de los últimos cuarenta años de la MPB. Con su melena blanca y su voz emocionante, Diosa ella misma, Bethania acude a la llamada de Zeca. Empieza el programa. Ahí están la Diosa y el jefe, felices de estar juntos. Es la primera vez que veo a Zeca con esa mirada feliz y admirativa: la mirada del que por fin se sabe junto a un igual. Bethania, con ese viejo hábito de dejarse adorar, sonríe también con su sonrisa larga que transforma su cara y la dota de una belleza inolvidable. Estos dos se quieren, pienso yo. Se quieren porque se admiran.

Antes de ponerse a cantar, sin más presentaciones, Bethania se pone a recitar. Nadie recita mejor que ella en ninguna lengua del mundo, nadie lo hace con ese cuidado, con ese placer. Las palabras salen de su boca envueltas en seda, mecidas, doradas como pan saliendo de un horno, perfumadas.

Es un poema de Luiz Carlos Lacerda, que yo traduzco aquí, sin más pretensión que el hacerlo más accesible:

“Vive conmigo en mi casa
Un muchacho que amo…”

Zeca, a su lado, con la mirada baja, concentrado en ella, no puede reprimir un suspiro gozoso. Él, hombre del pueblo, conoce esos versos. La alta poesía no es una extraña en ese patio de Xerém. Los conoce y los ama. Y escucharlos en la voz de Bethania, anticiparlos en la voz de Bethania, se convierte en una experiencia cultural que todos compartimos al contemplarla.

Sigue Bethania, sonriendo tras el suspiro de Zeca, convertida de repente en madre que cuenta un cuento al hijo que la escucha expectante:

“…Aquello que él no me dice porque no sabe
Me lo va diciendo su cuerpo
Que baila para mí
Él me adora y yo veo a través de sus ojos
Al niño que aprieta el gatillo del corazón
Sin saber el nombre de lo que practica
Él me adora y yo me gratifico
Solo con ojos que yo veo
Corto todas las cebollas de casa….”

Zeca no puede más, de repente los versos que ha venido repitiendo en su interior acompañando la voz de miel de Bethania le explotan en los labios y se adelanta, en comunión con ella, con todos los que alguna vez hemos compartido un poema o unos versos:

Arrastro lo muebles, incenso…

Bethania sonríe: ¡se lo sabe! Dice feliz. Él asiente, con gesto manso de niño.  A partir de ahí el poema se conjuga a dos:

“… Él tiene miedo de decir que me ama
Y me aprieta la mano
Y me llama amiga.”

Zeca, convertido por la magia de la gran poesía en el muchacho de los versos, contraviene ese miedo y grita, sin poderlo remediar,  a la Diosa que tiene al lado: ¡TE AMO!

Y le aprieta la mano.
Y la llama amiga.

Lo que viene después de ese momento único son cinco minutos de samba perfecto. Puede que otro día hablemos de ese “sonho meu”, que tanto merece una crónica propia, pero este texto es solo para cantar la inmensa alegría que surge de compartir la belleza. Bethania y Zeca, esa versión mejorada de nosotros mismos, lo saben. Y al convertir esos versos en un diálogo gozoso, al expresar en esa memoria común el acervo cultural que nos une y nos define, nos recuerdan a todos, en estos tiempos oscuros, lo magnífica que puede ser la condición humana.

Ojalá nunca se nos olvide.

Ahora escuchen, observen y disfruten.

La mano que mece la cuna. La opinión de MP @capicua_Mca

“En los colegios catalanes y cada día más en los colegios de Baleares y Valencia, se ha falseado la Historia de manera tan flagrante que las generaciones más jóvenes ignoran la verdad acerca de su origen, de su pertenencia histórica a España y de su identidad. Se les ha hablado de reinos y naciones inexistentes, de invasiones imaginarias”.

 

Hace tan solo unas semanas, Cataluña parecía haber tomado el camino de no retorno hacia su secesión de España. Y sí, aunque sabíamos que había formas de pararlos desde el Estado de Derecho, teníamos la sensación de que habían ganado ellos, de que poco se podía ya hacer por recuperar Cataluña. El infame “proceso” llegaba a su culmen el pasado 21 O en el Parlament. La traca final.

Pero el Gobierno y el Rey lograron transmitir tranquilidad, hacernos creer en nuestro país y nos bastó eso para despertar de un largo letargo. Nos alzamos muchos, sí, y empezamos a salir, a abandonar el silencio impuesto, a ondear nuestra bandera y a decir alto y claro que Cataluña es parte imprescindible de España, por Historia y por profundos lazos de cariño. No íbamos a renunciar a ella. Leer más “La mano que mece la cuna. La opinión de MP @capicua_Mca”

Así no, Sr. Cameron. Por Ricardo Sada @ricardo_sada

“Que la realidad no le estropee un buen titular, querido Cameron”.

Heinrich Schliemann tuvo una intuición y encontró Troya. Inmensamente rico, tenía los medios y una vasta cultura para saber que estaba en lo cierto.

Cameron busca la Atlántida, pero se rodea de un equipo que no sigue la metodología histórica, tal vez porque la desconocen. Y así es imposible remedar a Schliemann. Su documental “Atlantis Rising” está creado a mayor gloria suya y de su cómplice Simcha Jacobovici. Y digo bien, porque perpetran un documental que se carga todos los principios científicos de una investigación seria.

Cameron crea una mixtura entre personajes excéntricos (los atlantólogos) y arqueólogos o historiadores, buscando un equilibrio que no llega a cuajar. La credibilidad argumental se pierde cuando el actor principal es S. Jacobovici. Leer más “Así no, Sr. Cameron. Por Ricardo Sada @ricardo_sada”