Diáspora vasca X. La Iglesia vasca en la Guerra Civil. Por Eugenio Narbaiza @eugenionarbaiza

Si la Guerra Civil resultó fratricida y dolorosa en toda España, en el caso del País Vasco esta situación se evidenció todavía más, teniendo en cuenta que ambos bandos de la contienda tenían una característica común: los dos eran católicos, pero además marcados por un fuerte componente ideológico en el plano político. En este sentido, hay que recordar tal y como comentábamos en capítulos anteriores de Diáspora Vasca, que mientras unos defendían con ardor el planteamiento de “Dios y Fueros”, otros defendían el planteamiento antinacionalista de “Dios, Patria, Fueros y Rey”.

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Catalanes sin claveles. Por Carmen Álvarez

Mucho se habla estos días de la mayoría silenciosa y no con poco reproche. Es muy humano aquello de decir a los demás lo que tienen que hacer y cómo han de comportarse en situaciones que nos son ajenas. Desde que empecé a escribir hace un año sobre el “tema catalán” reivindicando que no era un asunto catalán sino español, varios amigos ya cansados de “los catalanes” me dijeron que ellos -todos: nacionalistas y no nacionalistas- eran responsables de su suerte y que era mejor y más práctico acceder a la independencia, asumiendo el coste económico que esto tendría durante un tiempo. Sus argumentos: han tenido cuarenta años para votar otras opciones, han callado y callan ante los excesos del nacionalismo.

No dejan de tener parte de razón en algunas cosas, pero se cae en una gran injusticia si hacemos de esas razones este absoluto: han tenido todas las oportunidades. Esto no es cierto. Los catalanes no nacionalistas no han tenido las mismas posibilidades, ni mucho menos, que han tenido los catalanes nacionalistas. Pongo algunos ejemplos.

Estos catalanes no han contado con los medios de comunicación, entendido en el sentido estricto de medios para comunicarse, para transmitir sus ideas y hacer frente argumental al separatismo. No sólo no han podido expresarse en los medios públicos sino que se les ha vetado en los privados -téngase en cuenta que la Generalidad ha de repartir las licencias, mejor no estar a mal con el monstruo-  se los ha ignorado y ridiculizado.

Por la vía de la ley muchos catalanes han ido a los tribunales a pedir que se hiciera efectivo su derecho a educar a sus hijos en la lengua nacional. Es necesario que en toda España se sepa que el precio social de este reivindicación tan elemental ha sido altísimo. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a asumirlo? Una vez dado este paso, inmediatamente sus hijos han sido señalados en el colegio como “españolistas” por otros padres y, por supuesto, por los mismos profesores. El famoso bullying escolar tan en boga actualmente, allí se da sin que sea considerado una conducta reprochable, más bien es tenida por conducta patriota. Tengan en cuenta que el buen nacionalista se levanta todas las mañanas con la intención de fer país y se acuesta más feliz si cree haber avanzado algo en su construcción.

Los que somos tan valientes desde otros lugares ¿estaríamos todos dispuestos a que nuestro hijo fuera acosado, relegado o ridiculizado en el colegio? Es una pregunta difícil de contestar. Me consta que algunos de los que han elegido esta opción han empleado toda su fuerza, dinero y energía en ello y, finalmente, los que han podido hoy viven fuera de Cataluña. Se han sentido absolutamente solos y abandonados por el Estado que debe garantizar sus derechos más elementales y han optado por una vida más feliz para sus hijos y relajada para ellos. Como madre lo entiendo perfectamente.

En cuanto a lo que han votado los catalanes a lo largo de estos cuarenta años, es justo decir que no han sido precisamente apoyados por los partidos nacionales. Tan sólo recordar cómo Vidal Quadras, azote de nacionalistas, fue sacrificado por Aznar para pactar con Pujol, en el momento en el que el Partido Popular estaba adquiriendo más fuerza en Cataluña. Por no hablar del PSC, partido al que muchos catalanes votaron creyendo que apoyaban a un partido nacional y que con el infame tripartito perpetró la peor de las traiciones con el Estatut. Finalmente, muchos votantes de izquierda y derecha creyeron ver una luz en Ciudadanos, partido que empezó con fuerza y un discurso sólido contra el nacionalismo para luego dar la sensación de cierta tibieza y compadreo en algunas ocasiones con los restos de CiU.

Podríamos llenar páginas hablando del continuo abandono de, al menos, la mitad de la población catalana. De su agotamiento y su cansancio. De sus luchas familiares, de las amistades perdidas, del silencio forzado en el trabajo y de cómo este silencio está a punto de estallar de desesperación. Catalanes que cumplen la ley, que no emplean violencia de ningún tipo y que no se manifiestan con claveles.

Así que, por favor, no los llamemos mayoría silenciosa, sino más bien mayoría silenciada.

Ninguna pesombre. Lo que piensa @MylesBo

“Y sí: por supuesto que rompería  —tan campancho y con toda satisfacción—  con quien de repente un día, por amigo que fuera hasta ese momento, no respetara los principios básicos de nuestra convivencia, chantajeara nuestra relación exigiéndome que acepte que se puede y se debe delinquir impunemente, o justificara las agresiones, amenazas y señalamientos totalitarios hacia quienes piensan diferente.”

 

 

Os leo estos días a algunos de vosotros, catalanes o que tenéis vínculos con Cataluña, sobre la desazón y tristeza que os causan desencuentros o incluso rupturas en vuestro entorno familiar, o en el círculo de vuestras viejas y aparentemente sólidas amistades, a cuenta de esta movida del proceso independentista.

 

La amistad y el afecto no dependen de la ideología, todos tenemos ejemplos que lo confirman: seguro que contamos con familiares y amigos con ideas políticas diferentes a las nuestras, incluso frontalmente opuestas. Y por otro lado, y al mismo tiempo, el que coincidamos ideológicamente con alguien tampoco hace que el cariño sea mayor, ni tan siquiera sincero.

 

Nunca rompería mi relación amistosa con alguien por el solo hecho de que sea más de izquierdas o de derechas que yo. Ni tan siquiera (fijaos hasta qué punto llego) con un sujeto que se proclamase “de centro”, y eso que mantener una amistad en este último caso es de un mérito más que apreciable.

 

Pero es creo que aquí no estamos ante un asunto de diferencias ideológicas, si me lo permitís. Aquí se dilucidan cuestiones no de izquierdas o de derechas, no de liberalismos o socialdemocracias, sino una cuestión de puritita convivencia civilizada y adulta.

 

Y sí: por supuesto que rompería  —tan campancho y con toda satisfacción—  con quien de repente un día, por amigo que fuera hasta ese momento, no respetara los principios básicos de nuestra convivencia, chantajeara nuestra relación exigiéndome que acepte que se puede y se debe delinquir impunemente, o justificara las agresiones, amenazas y señalamientos totalitarios hacia quienes piensan diferente.

 

Sin rencor, pero también sin ningún dolor, y con esa profunda alegría que da siempre pronunciar, a modo y con todo el sentido, la nunca bien ponderada frase de “tanta paz lleves como descanso dejas” y su corolario imprescindible: “aire, que chispea“.

No se puede tener todo en esta vida. Por Carmen Álvarez

“Lo que en el terreno literario puede dar lugar a resultados agradables e inofensivos, el Pensamiento Alicia aplicado a asuntos de política y economía reales puede ser sumamente peligroso y ofensivo.”
Gustavo Bueno.

 

 

No se puede tener todo en esta vida. Constitución, ley y diálogo fraternobuenrollista con el que se salta las normas olímpicamente y declara por activa y por pasiva que va a seguir haciéndolo creyéndose legitimado por una metafísica y etérea voluntad del pueblo. ¿Qué pueblo? No sabemos exactamente, creo que llaman así a sus votantes, a su gente. Los que quedan fuera de esta categoría -que es más de la mitad de la población catalana- no son pueblo, ni catalanes, ni sujetos de derechos supongo. No cuentan. Leer más “No se puede tener todo en esta vida. Por Carmen Álvarez”

La espada y el pulso catalanista. Por Iván Vélez @IvanVelez72

Empujado por la velocidad con la que se desarrolla la convulsa actualidad política de España, y respondiendo a la amable invitación de Carmen Álvarez Vela, me dispongo a juntar unas letras centradas en los hechos que tienen a Barcelona como escenario y a España, en su totalidad, como afectada. La casualidad ha querido que, tras la llamada telefónica, haya pasado por delante del Congreso de los Diputados justo cuando se producía la escena recogida en la foto. Al pie de las escaleras enmarcadas por los leones de bronce, animal históricamente identificado con España, un grupo de diputados españoles integrados en diferentes partidos, posaban, graves, ante un pelotón de fotógrafos, cámaras y algún que otro curioso que coreaba los habituales tópicos en relación con la democracia.
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Cataluña, la ley y la normalidad. Por @MylesBo

“… la Ley, sólo y nada más que eso, es lo que respalda y legitima la actuación del gestor público; y si te saltas la Ley, tu función y tu mera existencia como gobernante (o como policía autonómico) dejan de tener sentido y justificación.”

 

Lo que está ocurriendo hoy en Cataluña es normal. Bendita normalidad.

Si toda inobservancia culpable de la Ley es reprochable, en el caso de los gestores públicos resulta escandalosa. Y si estas situaciones no se cortan de raíz por los medios que la propia Ley prevé, el Estado de Derecho se nos erosiona indefectiblemente y, al final, ni derechos fundamentales, ni libertades públicas, ni seguridad jurídica, la risota mundial y la vuelta a las cavernas.

Gobernar, gestionar la cosa pública, no es “quítate tú que me pongo yo”. No es “hemos echado a la casta, a los políticos, y ahora estamos la gente”, porque desde que tomas posesión, ya eres tú el político y el  —teóricamente—  responsable.

Gobernar, gestionar, no es dar abrazos y sonrisas de arco iris y unicornios, ni pretender que todo se arregle con una frase de Mandela (si es que tan siquiera llega a ser suya). No es proclamar que ha llegado el tiempo de los abrazos, del buen rollo, del aire fresco y las bicis sostenibles. No es dar la voz a la “ciudadanía” (lo que o demo quiera que sea eso), ni consultar por dónde ir a golpe de referéndum o de asambleas de “vecinos” sentados en el suelo en plan kumbayá; porque ya has recibido un mandato de los ciudadanos (de la “gente”, de todos, lleven corbata o no), para que asumas tu responsabilidad y resuelvas problemas seriamente y trabajando duro.

Y resulta que todo eso, lo de gobernar y gestionar, hay que hacerlo  —además de con eficacia y eficiencia—  con absoluto respeto a la Ley, porque la Ley, sólo y nada más que eso, es lo que respalda y legitima la actuación del gestor público; y si te saltas la Ley, tu función y tu mera existencia como gobernante (o como policía autonómico) dejan de tener sentido y justificación.

El majestuoso vuelo de la gallina. Por Antonio Jaumandreu @Ajaumandreu

“Dos beneficiarios tiene este desastre: uno, los separatistas, aunque con la que hoy les está cayendo encima creo que no van a poder aprovecharlo más allá de las patochadas de Rufián. Dos, Rajoy, que queda una vez más como lo más parecido a un gobernante fiable que tenemos hoy en España.”

Ayer en el Congreso de los Diputados los partidos del llamado bloque constitucionalista ofrecieron uno de esos espectáculos que suponen un insulto al votante medio. Evidentemente excluyo a Podemos, de quien no vale la pena ocuparse porque ya sabemos lo que son y lo que pretenden. Quedémonos con los tres partidos que, en una España democrática y sensata, deberían tener posibilidades de formar gobierno en la combinación que deseen: el PP, Ciudadanos y el PSOE.

Resulta que Ciudadanos plantea una iniciativa para que la Cámara proclame su apoyo al Gobierno ante el golpe separatista en Cataluña. Cualquiera en su sano juicio puede intuir que un experimento así hay que llevarlo a la Cámara ya bien atado, porque en caso de fracaso el estropicio es muy considerable, ya que da alas precisamente a los golpistas al escenificar la división de quienes deberían estar unidos.

El caso es que Ciudadanos no consigue el consenso del PSOE, que plantea al parecer dos enmiendas al texto: una de apoyo a los alcaldes acosados por los separatistas (que imagino no supuso problema alguno para los de la formación naranja) y otra en la que se anima a una salida dialogada y pactada al conflicto catalán. Esta segunda matización Ciudadanos no la acepta, porque sabemos que los de Rivera están por que en Cataluña se cumpla la ley como punto de partida para todo. Como por otra parte debería hacer el PSOE. Aquí empieza la torpe partida de ajedrez. Ciudadanos mueve sus fichas confiando en que a última hora el PSOE, en la tesitura de votar con el PP y con C’s o con PdeCat, Bildu, Podemos, ERC et altri, se verá literalmente forzado a alinearse con el bando de la ley, la democracia, la constitución. Y plantea la moción sin aceptar enmiendas.
Pero el PSOE hoy no es simplemente el PSOE centenario, sino el engendro que Pedro Sánchez está construyendo con el único objetivo de comerle unos cientos de miles de votos a Podemos para a continuación, con los restos de esta misma formación, expulsar al PP del poder, objetivo último y único de su visionario secretario general. Total, que por asombroso que parezca el PSOE decide alinearse con esa patulea de partidos antisistema (todos los citados lo son si aceptamos como “sistema” el ordenamiento constitucional español) antes que manifestar, oh cielos, su apoyo al Gobierno en una moción que, esta sí, quedaría para la posteridad, negro sobre blanco, en el diario de sesiones, blindada ante matizaciones posteriores en emisoras de radio.
De modo que lo que se pretendía una muestra de unidad del bloque constitucional frente al golpe separatista acaba en un naufragio total, con culpas repartidas: las de Ciudadanos, por haber lanzado este órdago sin tenerlo cerrado, a estas alturas de la película y conociendo los riesgos importantes del fracaso. Y las del PSOE por no haber estado a la altura de lo que se espera de un partido con larga experiencia parlamentaria. Vamos a ver: si te meten un gol lo encajas, reaccionas e intentas meter dos más en la primera ocasión. Pero la imagen final del PSOE votando contra el Gobierno y junto a los golpistas catalanes, a los de Podemos, a Bildu… Eso es devastador para el sistema y para el propio PSOE. Es como perder un partido de penalti injusto en el último minuto: una lástima, una injusticia, pero es lo que queda para la estadística. Y eso es lo que quedará para posteridad: la foto del PSOE con los antisistema, porque en definitiva el PSOE de Sánchez, como Podemos, no cree en la natural y sana alternancia en el poder entre socialistas y conservadores, sino que aspira a expulsar del poder a la derecha, y a nada más. Y para eso cree que todo le vale.
¿Error por bisoñez parlamentaria o acción maliciosa de Ciudadanos? Criticables ambas posibilidades, por sus consecuencias que debieron haber evaluado. Pero el PSOE no tiene excusa: optó por cerrar filas, si me lo permiten, con “el eje del mal”, cuando pudo optar por abstenerse o por exponer en su intervención las reservas a su apoyo tal y como estaba planteada la moción, pero dejando claro que, en estos momentos críticos, es preciso estar con el Estado, que no con el Gobierno necesariamente.
Dos beneficiarios tiene este desastre: uno, los separatistas, aunque con la que hoy les está cayendo encima creo que no van a poder aprovecharlo más allá de las patochadas de Rufián. Dos, Rajoy, que queda una vez más como lo más parecido a un gobernante fiable que tenemos hoy en España. Increíble, ¿verdad? Pues eso es lo que han conseguido Ciudadanos y PSOE con su política de vuelo gallináceo, colocando los intereses partidistas por delante de los de la Nación. Al lado de dos gallinas sin cabeza, una gaviota gorda, vieja y sucia acaba pareciendo un águila imperial. Felicidades, muchachos
Yo soy Rajoy y disuelvo hoy mismo las Cortes alegando esta falta de apoyo. Y en las elecciones los barro. Literalmente. No merecen otra cosa.