NO ME RESIGNO

Mi blog se llama “No me resigno”. No es un título bonito, lo sé, pero es toda una declaración de intenciones. Quizá más que una intención es una realidad. No puedo resignarme a lo que no considero justo, a la sinrazón, a la manipulación, al yalohemosintentadotodo. Soy de las que pienso que habrá que intentar otra cosa. A la edad que tengo he aceptado que no siempre se gana, ni mucho menos. Pero sí he aprendido que toda batalla no dada está perdida de antemano. También creo que para estar en paz con uno mismo es necesario saber que has luchado y que para el que ha batallado es más fácil aceptar una derrota que para aquél que le ha quedado todo por hacer.

Reflexiono todo esto pensando en España. En Cataluña. Estamos a punto de perder una parte tan importante y esencial de la nación como lo puede ser Galicia, Andalucía, Valencia o Extremadura y estamos pasivos. Recuerdo cuando se celebró en Reino Unido el referéndum -legal- sobre la independencia de Escocia, cómo muchas personas de relevancia de la vida social del país se pronunciaron y dieron la cara por la unidad. Aquí estamos todos anestesiados. Me consta que muchos deportistas y artistas no hablan por no perder patrocinadores que, a su vez, no quieren ver comprometidas sus ventas. Mejor el silencio y mirar para otro lado. Triste nación la nuestra. Existe indignación, sí. Pero es una indignación desorganizada frente a un nacionalismo que, pese a sus luchas internas, se mueve como una apisonadora por una autopista.

Ése y no otro es nuestro problema: falta de organización, de acción conjunta. Digo nuestro, porque Cataluña es tan problema mío, madrileña, como de cualquier barcelonés o tarraconense. Y el que crea, fuera de Cataluña, que esto no va con él, no tiene ni idea de las consecuencias que para un país tiene que no se respeten las leyes.

Conozco muchos no nacionalistas catalanes que se enfrentan cada día y dan la cara ante la dictadura separatista. No están todos callados, ni mucho menos. Pero no tienen altavoz. No tienen acceso a los medios de comunicación, aunque esto no es lo peor. Creo que el mayor obstáculo que tienen es que, aún siendo millones, se sienten solos. Solos entre ellos. Sienten que luchan contra un muro de hormigón. Están cansados de resistir y les ha costado un precio muy alto.

Me atrevería a proponer a todas las asociaciones no independentistas que hay en Cataluña, que son muchas, unas grandes y otras pequeñas, que formen un bloque unido de manera urgente. Que coordinen una acción conjunta de manera colectiva y también individual en defensa de los derechos de estos ciudadanos. Por supuesto que no les llamarán de las televisiones catalanas ni de las radios, ni de la prensa, pero actualmente existen herramientas como internet con todas las redes sociales a su alcance que les permitirán acceder donde antes era imposible.

La unión hace la fuerza.

 

 

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Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

3 comentarios en “NO ME RESIGNO”

  1. Es que se acepta como normal lo que no lo es.

    Veamos:

    La dejadez, pusilanimidad o mera pereza que hace que no apetezca, por incómodo y trabajoso, plantarse desde el primer momento ante la estulticia, la maldad resentida, la mentira y manipulación históricas, hace que todo esto se extienda inexorablemente como una mancha de aceite de normalidad aceptada y asumida sin remedio, y con resignación de derrota retroactiva y sin lucha, que es la resignación más culpable.

    La mancha se ha extendido, insisto, hasta el punto de tenerse —en TODO el arco político, medios de comunicación, redes sociales— como dogmas indiscutibles auténticas payasadas que no hacen puta gracia, pero que ya casi nadie se atreve a poner en cuestión, o por la pereza y dejadez a la que antes me refería, o por la mera cobardía de creerse minoritario y no osar opinar contra la masa, no sea que me miren mal. Mal. Esa es la palabra. Porque el jiji jaja de aceptar estupideces sin pelear contra ellas y quienes las difunden, sin gritar bien alto que el emperador está desnudo y que, además, la tiene como un cacahuetito, y que eso NO ES NORMAL, lo que nos trae es el mal, para nosotros y, peor aún, para las próximas generaciones, que sufrirán en sus carnes y almas toda esta mierda malvada que estamos dejando crecer y que, con toda legitimidad, llegarán a maldecir nuestro recuerdo.

    Permitimos que se acepte como normal, incluso gracioso y divertido, la ofensa diaria a las creencias de muchos españoles, que a España no se la nombre con sus letras, que a la selección de fútbol se la conozca como La Roja, que emplear el idioma español o mostrar tu bandera en según qué sitios sea considerado de ultraderecha, incluso esté directamente prohibido.

    Si llevas la bandera de tu país eres facha y absurdo. Pero si en una manifestación de sindicalistas, o de lo que sea, sólo hay banderas guerracivilistas de la Segunda República es guay. Peor aún que guay: es normal y no llama la atención. Está aceptado.

    Si suena el himno de tu país en las fiestas de tu pueblo es mal, porque todo el mundo sabe que el himno lo inventó Franco. Igual que los belenes de Navidad y los homenajes a los asesinados por la ETA. Eso también es franquismo.

    Es muy de jiji jaja que un travesti se meta el mástil de una banderita de colores por el culo a la vista de menores, y que además le salga gratis el transporte público; y es normal que se reciba con homenajes a asesinos etarras cuando vuelven a su pueblo ufanándose de todas las ejecuciones que han cometido. No pasa nada.

    Y ya es muy facha que se quiera imponer la Ley, por mala que sea, pero Ley, por encima de los sentimientos de la gente. Incluso ya es muy de fascio italiano o de procesión de antorchas de Nuremberg que yo esté escribiendo todo esto y poniendo todos estos ejemplos (habría cientos más). A ese punto hemos llegado.

    Y no, no tenemos un Gobierno revolucionario, ni bolchevique. Tenemos un Gobierno (Mariano, Sorayita…) que he definido en el primer párrafo de este escrito fascista: pusilánime, dejado, cobarde, derrotado, resignado y culpable. Y tenemos ese Gobierno porque muchos les votamos por miedo. Sí, miedo fundado, pero miedo al fin y al cabo. Y ellos lo saben.

    Y en el pecado llevo, llevamos, la penitencia. Pero como dice tu blog, no me resigno, porque yo, al menos, voy a hacer lo posible para que no maldigan mi recuerdo tus nietos ni los míos.

    Le gusta a 1 persona

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