Un número impar de razones por las que Robert Bresson es, quizá, el cineasta mas reivindicable de la historia. Texto de @Senor_Fernandez

He sido invitado, gentilmente, a escribir algo sobre cine.
– ¿De qué hablo?
– De lo que quiera.
– ¿Un cineasta francés, antiguo y de escaso éxito, le parecería un tema suficientemente marginal.
– Uno de tantos.
– Pues lo cierto es que no me importaría decir algo sobre él… (nada que no se haya dicho antes, claro).
– Hágalo. Desahóguese si lo necesita.
– Se lo agradezco, querida. Entonces, si le parece, lo primero que escribiré, por si fuera lo último, tratará necesariamente sobre el tal francés objeto de mi entusiasmo y del encabezamiento ¿Está de acuerdo?
– No lo demore más, se lo ruego.

Existen algunas razones que hacen de Robert Bresson un cineasta absoluta y permanentemente reivindicable…

– Es un momento propicio para el afrancesamiento.
– Por razones éticas y estéticas, encabeza mi lista de adhesiones inquebrantables.
– El conjunto de su breve y aquilatada obra – trece películas en cuatro décadas – justifica cualquier entusiasmo. Una corpus compacto, sin debilidades, del que sentirse orgulloso. Le representa.
– “El cine actual es una mierda”. Puede que no sea para tanto, pero faltan aventureros, emprendedores que no teman perderlo todo, buscadores de oro.
– La suya fue una de esas revoluciones que empiezan y acaban en un hombre. Sólo quedaron rescoldos.
– Es el eslabón perdido del mudo, su continuación semiótica.
– Su cine no tendría inconveniente en ser mudo, podría seguirse y disfrutarse sin necesidad de palabras. Del sonoro, de hecho, lo que más le interesa es el silencio.
– En su momento, mostró que otro camino era posible. Pero cayó en una época poco proclive a la austeridad. Se prefería lo discursivo, el maoísmo, la brasa sartriana, a las rubias de la nouvelle vague.
– Por contra, él era un tipo serio, sin tonterías, nada peliculero.
– Poseía el don de la concisión, tan extraño. Aspiraba a la pureza.
– El cinéfilo íntegro, escasamente mitómano, el que sólo quiere que le muestren la espina descarnada, terminará llegando a él por el camino que sea.
– Estuvo a punto de nacer con el siglo y casi le alcanzó para morir con él (1901-1999).
– A pesar de su inexactitud numérica, tuvo algo que decirle al siglo XX, algo religioso e intemporal.
– Conoció el dolor de primera mano, el lento discurrir del tiempo cuando espesa. Pasó algo más de un año en un campo de concentración alemán. La impronta de aquello puede intuirse en su formar de observar los detalles cotidianos de la reclusión, especialmente asombrosa en “Un condenado a muerte se ha escapado.”
– Debutó en el largo con un guión de Cocteau, de título prometedor :“Les dames du bois de Bologne”. Todavía no era él mismo, no del todo.
– A partir de esta primera experiencia, decidió dejar de trabajar con actores profesionales. Quería la verdad, no actuaciones. “Cuando se sufre, no se actúa. Uno debe creer más en el personaje que en el actor.”
– Llamaba “modelos” a sus actores y los trataba como a tales, castigándolos con el desprecio y el hambre.
– “Al azar, Baltasar” supone la estilización máxima de su concepto y de su ideal interpretativo: el actor-burro. Un actor-burro amateur, por supuesto. Cuenta la historia de un burro y de sus alrededores, desde un punto de vista asnal. Aquí, es capaz de llevarle a un extremo de empatía que usted, seguramente, por el concepto que tiene de sí mismo, no esperaría. Notará una invasión de humildad rozagante.
– Pintó y pintuvo. Antes, durante y después del cine.
– “La pintura me ha enseñado que no se debían hacer bellas imágenes, sino imágenes necesarias.”
– Era un moralista con bagaje. Necesitamos moralistas mejor preparados.
– Si se piensa en el cine como escritura, su prosa puede asemejarse a la de Duras, Camus… Se viste con lo imprescindible para tapar las vergüenzas.
– Escribió “Notas sobre el cinematógrafo”, una suerte de “Cartas a un joven cineasta”. Es un compendio de aforismos en los que desgrana su visión sobre este idioma. Imprescindible para cualquier vocación auténtica.
– “Controlar la precisión. Ser yo mismo un instrumento de precisión.”
– Diferenciaba entre el cine (teatro filmado, a su entender) y el cinematógrafo (arte singular e independiente, con una retórica propia, infradesarrollada). Entendía el funcionamiento del sistema neuroentérico de su cinematógrafo, de qué forma se movían sus tripas…. No necesitaba para nada del teatro.
– “El terreno del cinematógrafo es el terreno de lo inefable.”
– Una razón de peso para estimarlo es la buena educación de que hacía gala. A usted, espectador avezado, le trata con el respeto que merece porque espera lo mejor de usted. No le dirá una palabra más alta que otra. No tratará de embaucarle por medio de la música. Si quiere escuchar música, es muy libre de hacerlo en su casa. Al cinematógrafo se viene a otra cosa.
– Rohmer: “Las obras de Bresson son muy musicales, aunque apenas contienen música.”
– Tenía muy presente la narrativa musical en el montaje, y en el uso del sonido.
– Devoto de Dostoievski, de su mar de fondo. En lo formal, sin embargo, Bresson es más de la frase corta y del punto y seguido que de la subordinada. Lo adaptó en “Una mujer dulce” y “Al azar, Baltasar”, trasunto de “El idiota”.
– Dijo Godard (que ha dedicado la mitad de su vida a las frases): “Bresson es el cine francés, como Dostoievski es la novela rusa”.
– Bresson distaba mucho de ser un pijillo afectado, necesitado de atención y cercado por el remordimiento como Godard: estaba a lo importante, al meollo.
– Director de directores: Wenders, Kaurismaki, Haneke, Dumond… Algunos de los buenos de hoy le reconocen el compromiso, el coraje, la deuda. Y de los de antes.
– Rohmer: “Bresson no es un maestro, es un ejemplo.”
– Tarkovsky: “Todo artista serio tiende a la simplicidad y Bresson es uno de ellos.”
– Malle: “En una primera visión puede quemaros los ojos. Entonces, haced como yo: volved todos los días.”
– Schrader – sin asomo de rubor en sus mejillas calvinistas – reconoce lo mucho que tomó prestado de Pickpocket para escribir Taxi Driver.
– El mejor de los nuestros (Erice), otra ave rara, dijo de él: “No hay en la historia del cine una aventura creadora tan singular y solitaria.”
– La rigidez de su discurso estético se asienta en la coherencia, en la convicción moral. Siente aversión por el fingimiento y el truco fácil.
– “Nunca explico nada”. Esta es su manera de respetar al espectador, de no masticar por él. Apela a la capacidad de sentir de su publico y evita la tentación de manipularlo. No le obliga a mirar donde no quiera, ni le dice lo que tiene que pensar.
– Durante toda su carrera demostró una gran independencia del gusto del público. Tal vez, por esto, nunca tuvo gran éxito comercial.
– “Cuando se está en la cárcel, lo mas importante es la puerta.” Esto bastaría para definir su estilo y su propósito. Su manera de contar es fijarse en esa puerta y esperar a que se abra.
– De “Notas sobre el cinematógrafo”: “Esconde las ideas de manera que puedan ser encontradas. Las más importantes serán las mejor escondidas.” “Busca la producción de emoción desde la resistencia a la emoción.”
– Persigue una unidad discreta entre contenido y forma, concediendo un leve margen para la expectación. Lo mas importante está fuera, mas allá de la pantalla. Su voluntad elíptica, lo significativo del fuera de campo, contrasta con la precisión de lo visible: el encuadre y el montaje. Usa los movimientos de cámara imprescindibles. Rueda casi todo con lente de 50mm., un objetivo que desprecia el énfasis. Evita cualquier efectismo y elimina lo superfluo.
– Su mirada, de un laconismo beatífico, se expresa en la frase que cierra “Diario de un cura rural”, adaptación de Bernanos: “¿Qué importa? Todo es gracia.”
– Propongo un orden de descubrimiento, un modo de contagio, para quien no conozca a este artista único e inspirador y desee hacerlo: “Pickpocket”, “Un condenado a muerte se ha escapado”, “Diario de un cura rural”, “Mouchet”, “Lancelot du Lac”, “El dinero”, “Al azar, Baltazar”. A partir de ahí, el resto.
– Robert Bresson conocía el secreto que muy pocos han llegado a conocer: esa es la razón definitiva para su reivindicación permanente.

Sr. Fernández

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Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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