Catalanes sin claveles. Por Carmen Álvarez

Mucho se habla estos días de la mayoría silenciosa y no con poco reproche. Es muy humano aquello de decir a los demás lo que tienen que hacer y cómo han de comportarse en situaciones que nos son ajenas. Desde que empecé a escribir hace un año sobre el “tema catalán” reivindicando que no era un asunto catalán sino español, varios amigos ya cansados de “los catalanes” me dijeron que ellos -todos: nacionalistas y no nacionalistas- eran responsables de su suerte y que era mejor y más práctico acceder a la independencia, asumiendo el coste económico que esto tendría durante un tiempo. Sus argumentos: han tenido cuarenta años para votar otras opciones, han callado y callan ante los excesos del nacionalismo.

No dejan de tener parte de razón en algunas cosas, pero se cae en una gran injusticia si hacemos de esas razones este absoluto: han tenido todas las oportunidades. Esto no es cierto. Los catalanes no nacionalistas no han tenido las mismas posibilidades, ni mucho menos, que han tenido los catalanes nacionalistas. Pongo algunos ejemplos.

Estos catalanes no han contado con los medios de comunicación, entendido en el sentido estricto de medios para comunicarse, para transmitir sus ideas y hacer frente argumental al separatismo. No sólo no han podido expresarse en los medios públicos sino que se les ha vetado en los privados -téngase en cuenta que la Generalidad ha de repartir las licencias, mejor no estar a mal con el monstruo-  se los ha ignorado y ridiculizado.

Por la vía de la ley muchos catalanes han ido a los tribunales a pedir que se hiciera efectivo su derecho a educar a sus hijos en la lengua nacional. Es necesario que en toda España se sepa que el precio social de este reivindicación tan elemental ha sido altísimo. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a asumirlo? Una vez dado este paso, inmediatamente sus hijos han sido señalados en el colegio como “españolistas” por otros padres y, por supuesto, por los mismos profesores. El famoso bullying escolar tan en boga actualmente, allí se da sin que sea considerado una conducta reprochable, más bien es tenida por conducta patriota. Tengan en cuenta que el buen nacionalista se levanta todas las mañanas con la intención de fer país y se acuesta más feliz si cree haber avanzado algo en su construcción.

Los que somos tan valientes desde otros lugares ¿estaríamos todos dispuestos a que nuestro hijo fuera acosado, relegado o ridiculizado en el colegio? Es una pregunta difícil de contestar. Me consta que algunos de los que han elegido esta opción han empleado toda su fuerza, dinero y energía en ello y, finalmente, los que han podido hoy viven fuera de Cataluña. Se han sentido absolutamente solos y abandonados por el Estado que debe garantizar sus derechos más elementales y han optado por una vida más feliz para sus hijos y relajada para ellos. Como madre lo entiendo perfectamente.

En cuanto a lo que han votado los catalanes a lo largo de estos cuarenta años, es justo decir que no han sido precisamente apoyados por los partidos nacionales. Tan sólo recordar cómo Vidal Quadras, azote de nacionalistas, fue sacrificado por Aznar para pactar con Pujol, en el momento en el que el Partido Popular estaba adquiriendo más fuerza en Cataluña. Por no hablar del PSC, partido al que muchos catalanes votaron creyendo que apoyaban a un partido nacional y que con el infame tripartito perpetró la peor de las traiciones con el Estatut. Finalmente, muchos votantes de izquierda y derecha creyeron ver una luz en Ciudadanos, partido que empezó con fuerza y un discurso sólido contra el nacionalismo para luego dar la sensación de cierta tibieza y compadreo en algunas ocasiones con los restos de CiU.

Podríamos llenar páginas hablando del continuo abandono de, al menos, la mitad de la población catalana. De su agotamiento y su cansancio. De sus luchas familiares, de las amistades perdidas, del silencio forzado en el trabajo y de cómo este silencio está a punto de estallar de desesperación. Catalanes que cumplen la ley, que no emplean violencia de ningún tipo y que no se manifiestan con claveles.

Así que, por favor, no los llamemos mayoría silenciosa, sino más bien mayoría silenciada.

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Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

1 comentario en “Catalanes sin claveles. Por Carmen Álvarez”

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