Blog de Carmen Álvarez Vela

Apunte sobre Tabarnia. Por Iván Vélez ( @IvanVelez72 )

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La internacionalización del conflicto. Décadas después de su puesta en marcha, el proceso de mutilación y robo de una parte española al resto de compatriotas, ha alcanzado sus últimos objetivos propagandísticos. En efecto, el martes 16 de enero de 2018, Albert Boadella será investido presidente, en el exilio madrileño y previsiblemente a través de telepantallas, de la imaginaria Comunidad Autónoma de Tabarnia, adelantándose a la toma de posesión de Carles Puigdemont, una vez haya sido retorcido convenientemente el reglamento de una cámara regional en la que sus más fanatizados seguidores ven el hemiciclo de una república.

Si de ficciones se trata, el dramaturgo es muy superior al prófugo, y no cabe duda de que la prensa internacional, sin necesidad de compra de voluntades, se hará eco de un acontecimiento que Boadella pondrá en escena magistralmente, pues conoce bien el paño de aquellas textiles tierras. La inclusiva Tabarnia se anticipará a la excluyente Catalunya, dando cauce a los anhelos de gran parte de los avecindados en Barcelona y Tarragona, hartos de la asfixiante atmósfera generada por la prensa mercenaria, el quintacolumnismo infiltrado en los mozos de escuadra y la molesta incursión de la división carlistoide y acorazada que ha dado nombre a Tractoria. Cataluña, vivirá así un momento festivo, un paréntesis dentro de la quiebra económica producida por el saqueo de algunas familias y la asfixia producida por el mantenimiento de mansos propagandistas y paradiplomáticos paniaguados; y de la aún más grave quiebra, la social, conseguida gracias a la marginación  durante décadas de quienes se llamó inmigrantes antes de inyectar en su progenie el desprecio a sus hispanohablantes mayores.

Contrafigura de la Cataluña pujolista, Tabarnia es el producto del tránsito por el Callejón del Gato del proyecto racista, clasista y rapaz de ciertas elites locales arropadas por la complicidad de los gobiernos de la Nación. La nueva región que nutre los sueños de muchos, se mira sin complejos en el espejo catalanista para arrojar sobre los depredadores que lo detentan, argumentos reflejos, ecos de un desván de Dorian Gray pleno de aire viciado. Ante la rendición de los partidos que se dicen nacionales al tiempo que elevan fronteras entre los ciudadanos, la broma, convertida en posibilidad, amenaza con cristalizar y servir de modelo a todos aquellos colectivos ninguneados por la España de las nacionalidades y regiones, las señas de identidad y el agua bendita. Porque, al cabo, Tabarnia no es sólo el grito desacomplejado de aquellos que han decidido abandonar los estrechos y odiosos márgenes de la realidad catalanista, sino la de todos aquellos españoles descontentos con una España que ha ofrecido, mal que les pese a sus voceros, su rostro más reaccionario.

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