El 155. Comentario a vuelapluma. Por Iván Vélez @IvanVelez72

Desmintiendo la más habitual crítica lanzada sobre su acción de Gobierno, esa pereza que en las caricaturas viene acompañada de un sofá y un puro, Rajoy anunció las primeras medidas ligadas a la aplicación del célebre e impreciso Artículo 155 de la Constitución: la destitución del Gobierno de la Generalidad y la convocatoria de elecciones en Cataluña en un plazo máximo de seis meses. Sin embargo, la aplicación de tal artículo, infinitas veces invocado y nunca puesto en marcha, desdice en gran medida el famoso juicio arrojado sobre el pontevedrés. Acaso, y siempre en función de ex post factum que acompaña al análisis de toda decisión política, máxime en situaciones tan delicadas como las que vive la Nación, la tan cacareada pereza deba ser cambiada por otra adjetivación. De vencer el pulso, Rajoy no sería un holgazán, sino un gobernante prudente, virtud máxima que debe acompañar a quienes toman tienen responsabilidades ejecutivas. Sólo el tiempo, y los resultados, dirán de qué lado cae el juicio, histórico, sobre el gobierno de Rajoy.

Sin embargo, y antes de que se produzca el previsible contraataque de las sectas catalanistas, las arrellanadas en escaños, pero también las que toman las calles bajo coartadas culturales, e incluso las que se han infiltrado, hasta dominar tales áreas, en la policía regional y en los muchos medios de comunicación subvencionados para garantizar la adhesión antiespañola, cabe preguntarse por el alcance de las medidas anunciadas, así como pensar en el papel que han jugado, y pueden jugar, los partidos, PSOE y Ciudadanos, que han apoyado al Gobierno en tan delicada decisión.

Como es sabido, tanto Ciudadanos, convertido en los últimos días en quien más ha exhortado al Gobierno a tomar tal decisión, como el PSOE, eran reticentes a la puesta en marcha de las medidas anunciadas. Ambos, refinados productos de la España configurada dentro de los calculados márgenes de la Constitución de 1978, mostraron en el inicio grandes cautelas en relación a rozar siquiera el sagrado autogobierno catalán, fórmula bajo la cual ha operado una deslealtad cuyo exhibicionismo ha llegado a ser insoportable. Atraer a su causa a tales partidos fue una labor paciente que el Gobierno hubo de emprender, y que finalmente alcanzó tras, según se ha sabido, la promesa de unas elecciones en Cataluña que dicen mucho del oportunismo en que se mueven ambos partidos, a los cuales, no obstante, ha de reconocérsele el gesto responsable de no echarse al monte autonómico y terminar militando en las filas. El nuevo tiempo que ahora se abre, parece reforzar a Ciudadanos, pero está por ver cómo afecta a un PSOE sanchista tan dependiente de un PSC tornadizo cuya estructura interna puede resquebrajarse.

Mientras se despejan estas incógnitas, más allá de las escaramuzas partitocráticas, con las calles tomadas por las organizaciones parapolíticas que han servido como plataformas para que elementos tan fanatizados como la señora Forcadell sienten sus reales en los más distinguidos hemiciclos, apenas dos horas nos separan de la respuesta de Puigdemont al anuncio del Gobierno. Por ello, y en una situación tan vertiginosamente cambiante como la actual, tan sólo cabe esbozar un mero comentario, al modo de un apresurado arbitrista trasladado al siglo XXI, en relación a la puesta en marcha de unas medidas nunca aplicadas.

En este sentido, y pues entendemos que los males que padece Cataluña, hoy amenazada por una serie de facciosos que pretenden hurtar una parte del territorio nacional al resto de sus compatriotas, son el producto de las políticas catalanistas toleradas e incluso financiadas por los sucesivos inquilinos de La Moncloa, consideramos que las acciones deben no sólo ser profundas y firmes, sino también continuadas en el tiempo. Más allá de detener el que ha sido unánimemente calificado como golpe de Estado, la crisis actual, que puede entenderse como una oportunidad de regeneración nacional, debería servir para algo más que para neutralizar a los criminales. En tal sentido, tal nos parece, la medida de más profundo y prolongado calado que debiera tomar un Gobierno cuyo horizonte se sitúe más allá de la siguiente cita con las urnas, debiera ser la intervención en un sistema educativo capaz de hacer hablar a sus más iluminados propagandistas en nombre de un «pueblo catalán» que no es sino pueblo catalanista cuyos objetivos depredadores son incompatibles con la existencia de la Nación española.

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Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

Un comentario en “El 155. Comentario a vuelapluma. Por Iván Vélez @IvanVelez72”

  1. Todo de explica al final educación y adoctrinamiento, tendríamos que tener más encuenta en que impresentables dejamos la educación de nuestros hijos.
    si esto no se corrije no solucionarlos nunca este problema, teniéndolo mucho que se agravará en el futuro

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