La diáspora vasca (I) Texto de Eugenio Narbaiza @eugenionarbaiza

“Los miembros de la diáspora vasca, son los grandes olvidados de todos, al ser los desterrados sin culpa ni causa, con un comportamiento que ha rozado la heroicidad silenciosa y no reconocida y con una melancolía a flor de piel …”

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La diáspora vasca, una maldita frase y una desastrosa situación que cientos de miles de vascos vienen sufriendo desde que a mediados de los años 70, la banda terrorista ETA y el nacionalismo, les obligara a dejar su vida, sus pertenencias, su alma y en ocasiones su familia, abandonando su tierra vasca, unas veces por miedo a perder la vida, otras por no poder desarrollar su trabajo de empresario, en ocasiones por razones políticas, pero en todos los casos, con un denominador común, buscar la libertad que como individuos no les proporcionaba la sociedad vasca.

Su composición ha sido variada y compleja, puesto que los que forman parte de este conglomerado, provienen de diversos sectores sociales, económicos e ideologías y su localización es muy diversa, puesto que no tienen un enclave concreto, estando distribuidos generalmente en Cantabria, Navarra, Madrid, Alicante, Valencia y Andalucía. No están organizados en grupos para nada, dado que por lo pasado en sus lugares de origen, en la mayor parte de los casos, su principal objetivo era pasar desapercibidos y empezar un nuevo proyecto de vida con la mayor discreción posible, hasta el punto, de que en muchos de los casos, tan solo familiares muy directos, conocían ese nuevo punto geográfico en donde la vida comenzaba para estos vascos.

Los comienzos de esta nueva vida para estos miembros de la diáspora, no les resultó nada fácil, debido a distintos factores como el de adaptación a su nueva residencia, el inicio en muchas ocasiones de una nueva actividad profesional, condicionada en ocasiones a una grave situación económica y sobre todo, teniendo en cuenta que estamos hablando de  “los años de plomo”, a soportar una cierta incomprensión de los lugareños en su nuevo destino, que identificaban todo lo vasco como “etarra”, con lo que su sufrimiento, a veces se veía incrementado, al tener que demostrar que ellos no eran tales y que el ser vasco, ni supone apoyar a los etarras, ni ser necesariamente nacionalista, a pesar de amar profundamente a su tierra.

Otra de las dificultades que se encontraban estos miembros de la diáspora a la hora de comenzar de nuevo su vida lejos de su tierra, era la falta de ayudas por parte de las instituciones del estado para evitar que su situación se convirtiera en un martirio de todo tipo, siendo habitual que cuando se habla con cualquiera de ellos, relatan historias que a veces son espeluznantes, porque no podían acceder a una vida normalizada, desde el punto de vista administrativo, educacional para sus hijos, ni participar en las votaciones o decisiones que como vascos les hubiera correspondido adoptar, tanto en elecciones políticas, como en distintos aspectos relacionados con la Comunidad Autónoma

En los últimos años, han recibido promesas desde partidos políticos, para restituir sus derechos como vascos que son, pero luego estas, no se han cumplido, siendo una vez más vilipendiados por su desgracia y por el alejamiento forzoso al que se han visto sometidos a causa de Eta, de la situación generada y que nadie, les ha tendido la mano para volver a ser vascos y españoles iguales al resto de la población.

Los miembros de la diáspora vasca, son los grandes olvidados de todos, al ser los desterrados sin culpa ni causa, con un comportamiento que ha rozado la heroicidad silenciosa y no reconocida y con una melancolía a flor de piel, ya que en el fondo de su alma, siempre miran con nostalgia, añoranza y tristeza hacia su tierra, a la que desearían volver para recuperar un pasado que han dejado atrás, un sentimiento de pertenencia que se ha ido diluyendo con los años, pero con un alivio importante y vital que se merece todo ser humano, recuperar la libertad y vivir en el mayor grado de paz posible.

Autor: carmenalvarezvela

Inconformista por naturaleza. No me resigno a casi nada a no ser que sea irremediable. Defiendo la libertad y la unidad de España. "El peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada", Emmanuel M. Alcocer. Estudié Derecho y me gano la vida haciendo números.

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