Nociones básicas de democracia. Cuando es necesario explicar lo obvio. Texto de @MylesBo

La democracia no significa votarlo todo, no, sino que todos los ciudadanos nos sujetamos, sin excepción, a las leyes que nos hemos dado por los procedimientos adecuados.

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En los últimos tiempos, y ante las falacias de quienes buscan hacer de la comunidad autónoma catalana una república ridículamente totalitaria, he tenido la grata oportunidad de leer algunos artículos admirables (tanto por su redacción como por la coherencia cívica de sus autores) explicando impecablemente la distinción entre la verdadera democracia, sujeta siempre al imperio de la Ley, y el mero acto físico de introducir una papeleta en una urna, acto que, desprovisto de las garantías de un Estado de Derecho, tiene el mismo valor que un euro de madera.

Una distinción tan obvia para cualquier sociedad con un mínimo nivel de cultura y formación, que  —desgraciadamente—  se hace necesario repetirla y explicarla en esta España de 2017, con tantos (demasiados) referentes tardoadolescentes cuyas aportaciones a la teoría política apenas superan, rozando el palo, y cuando lo consiguen, una tertulia de recreo de segundo de BUP.

No soy quién, evidentemente, para insistir en lo que tan bien escriben quienes de verdad saben de estas cosas y las explican de manera clara, rotunda y pacientemente didáctica, y con redacción y técnica inalcanzables para la pluma de quienes simplemente formamos parte del común, y es que explicar lo obvio siempre es lo más difícil.

Pero hoy me re-encontré con esta noticia.

http://elprogreso.galiciae.com/noticia/577295/el-pleno-de-sarria-no-ve-incompatibilidad-de-la-edila-victoria-lopez

Es de hace un año ya, y procede de un lugar pequeño cuyas vicisitudes políticas no tienen importancia más allá de los directamente afectados y de quienes, como yo (y por eso conservo esa y otras noticias de allí), guardamos cierto cariño por el pueblo (“villa” la llaman sus habitantes).

(Bueno, no: a los pueblos no se tiene cariño; se le tiene a las personas que viven allí  —y no a todas—  y a las cosas que te han ocurrido en ellos; a esto último se llama recuerdos, y no tienen por qué ser siempre buenos).

A lo que iba: esta noticia en su día me sirvió para hacer un humilde ejercicio de pedagogía a nivel muy casero, dicho lo de casero en sentido literal, porque a mis jóvenes interlocutores los tenía en casa, como público cautivo y sujeto (aún) a mi patria potestad.

Y les decía algo así:

Hay cosas que no se pueden votar, como, por ejemplo, la legalidad o ilegalidad de una actuación. Sin adentrarnos en más filosofías, el control final de la legalidad de las actuaciones administrativas en un Estado de Derecho, cuando éstas se ponen en cuestión, corresponde a los jueces; y antes, en su caso, son los funcionarios técnicos en Derecho (secretarios, interventores, abogados públicos…) a quienes corresponde dictaminar al respecto, bien porque sea preceptivo, bien porque así se les solicite.

Todas esas opiniones técnicas no siempre resultan correctas, que el ser humano (y dentro de esa categoría me permito en principio incluir a los funcionarios) es falible, pero al menos se presuponen basadas en criterios objetivos y argumentaciones jurídicas (más o menos discutibles, lo que justificaría, al menos teóricamente, la existencia de juristas sobre la faz de la tierra) que finalmente, y en su caso, serán compartidas o corregidas por Su Señoría de turno.

Este es el sistema, nos guste o no, y hasta que se cambie. La democracia no significa votarlo todo, no, sino que todos los ciudadanos nos sujetamos, sin excepción, a las leyes que nos hemos dado por los procedimientos adecuados.

Otra cosa conduciría a situaciones absurdas. ¿Imagináis que se votara y se aprobara plantar un Corte Inglés de nueve plantas en medio de la plaza del Obradoiro? ¿O que por referéndum se decidiera que los pelirrojos no tienen derecho a salir de casa? ¿O que en la junta de vecinos se votara, y saliera, que a partir de mañana yo tendré 27 años y seré canadiense? ¿O que se aprobara en un Parlamento regional que España es lo que a mi me gusta que sea aunque la Constitución, y la realidad, digan otra cosa?

Que la concejal de la noticia hubiera incurrido o no en incompatibilidad no lo sé (bueno, sí lo sé, pero no se trata de explicarlo aquí), pero eso se determinará, si procede, a partir del análisis fáctico y la pertinente interpretación jurídica por parte de quien corresponda, y nunca por la decisión que resulte del juego de las mayorías partidistas de una corporación municipal tan aparentemente desfaenada y absurda como la que aparece en la noticia

Autor: carmenalvarezvela

Abrí este blog para hablar de España y conforme ha pasado el tiempo, algunos amigos mucho más cualificados que yo colaboran para expresar nuestra común preocupación por los males que nos aquejan como nación. Otros participan escribiendo sobre música, cine, literatura, historia ... Debería cambiar el nombre del blog, "No me resigno", como mínimo por "No nos resignamos", ya veremos. Mi amigo Emmanuel M. Alcocer me dijo una vez que el peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada. Pues ahí estamos, intentando hacer algo.

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