Los recuerdos y el rencor. “Aquella Transición trajo Estado de Derecho frente a totalitarismo. Y a Unidos-Podemos les mola el totalitarismo”. Texto políticamente incorrecto de @MylesBo

Tras leer ayer las noticias de esa celebración en las Cortes de los nosécuántos años de la llegada de la democracia, y de la reacción de los de Unidos-Podemos denostando y renegando de eso que se dio en llamar “Transición”, para ellos el origen primero de los males de nuestro actual sistema político, me he permitido  —a la manera de Sherlock Holmes en sus momentos de lucidez—  la inyección  de una dosis de “Nostalgín Forte” y abandonarme a algunas vivencias de aquélla época.

En noviembre de 1975 yo tenía 8 años. Y el día 20 (ahora sé que fue el 20) me alegré, supongo que como tantos en mi caso, por la agradable sorpresa de no tener colegio ese día. En mi casa no se celebró con champán (ni con sidra, que champán no habría) la muerte de Franco, pero tampoco recuerdo un luto o tristeza especiales. Supongo que sería lo mismo en la mayoría de hogares españoles, por más que ahora parezca que todiós se pasó cuarenta años dejándose los cuernos en lucha cruenta contra la dictadura.

Como adulto, miembro de la población “activa” y padre que soy ahora, puedo comprender las incertidumbres que asaltaban entonces a quienes tenían obligaciones parecidas a las mías, ante una situación políticamente inédita y jodidamente peligrosa, por más que se proclamara desde instancias oficiales que todo estaba “atado y bien atado”.

Ese es el primer mérito que otorgaría a los responsables políticos de esa “Transición”: reducir el margen de incertidumbre, conseguir que el paso de 1975 a 1978 fuera  —no sin vencer grandes dificultades—  ejemplar en cuanto a la continuidad de las certezas (laborales, jurídicas, domésticas y de convivencia ciudadana) que todo ciudadano responsable espera y exige para sí y sus allegados. Y eso es lo que los políticos deben siempre procurar para sus conciudadanos y lo que justifica, al fin y al cabo, su existencia.

Insisto: sólo por ello, toda esa gente merece nuestro agradecimiento y reconocimiento. Esa “tranquilidad” jurídica en la transición de un régimen político a otro creo que no es suficientemente valorada, aunque sólo sea por lo sorprendente.

Recordaréis los de mi quinta (y más mayores) cuántas veces en aquellos días de finales de 1975 se nos leyó y leímos aquello que llamaban el testamento político que Franco dirigió a los españoles. En mi mente infantil quedó grabada por entonces una idea que él nos enviaba “desde el más allá”, advirtiéndonos de los males del comunismo, ya no recuerdo si nacional o internacional, que no tengo memoria exacta de la frase en cuestión ni  —como decía aquél—  me voy a levantar ahora a googlearlo.

Por eso, de cuando apareció Santiago Carrillo por nuestras vidas, recuerdo (aparte del suceso tan comentado en la ciudad de provincias donde vivíamos, en que el dueño de un bar destrozó el televisor de su establecimiento de un disparo de escopeta cuando vio aparecer al personaje en el telediario) haberle preguntado a mi padre: “Si Franco dejó dicho en su testamento que cuidado con los comunistas, ¿por qué los legalizan ahora?”.

Ahora, con el tiempo, creo que mi extrañeza no venía tanto del hecho de que no se tuviera en cuenta la recomendación de Franco (personaje de quien por entonces apenas conocía yo poco más que aquello del culo blanco, y su mujer, y el Ariel), como de la incomprensión —quizás fruto de una temprana e inconsciente intuición leguleya— ante la falta de respeto de la última voluntad que una persona expresa en su testamento, por mas que fuera un testamento “político”, que maldito si sabía yo entonces qué demonios era eso.

Luego ya, Suárez (de quien había oído hablar a mi padre y a mi tío acerca de unas jornadas jurídicas o algo así que se celebraban anualmente en Peñíscola); el 23F, mi madre y yo con la radio puesta, suenan tiros de repente (“¿eso son disparos?”), se arrodilla rezando sin saber que las balas van al techo y no a las cabezas de todos los que allí estaban (sí, queridos niños de LOGSE: la radio es una cosa que se escucha, pero que no se ve); Felipe en el 82 y Pepe Bono (un mediocre abogado, según los que sabían), con sus amigos dándose una comida-homenaje-celebración de victoria electoral, unas mesas más allá en el restaurante de carretera donde mis padres nos llevaban a comer algunos domingos; asesinatos de la ETA; Tarradellas que era un señor mayor con pinta de caballero… Bueno. Nada que no recordéis los que rondéis mi ya provecta, etc.

Se ve que celebraron ayer esa llegada de la democracia. Bueno. Si identificamos democracia con la posibilidad de elegir libremente a nuestros representantes políticos, me vale. Aunque opino que la democracia es mucho más que votar a este o a aquél (que también), pero esto no viene ahora al caso.

Y a los de Unidos-Podemos no les gusta ni la Transición, ni la democracia que aquélla nos trajo.

Y lo entiendo perfectamente.

Aquella Transición trajo Estado de Derecho frente a totalitarismo. Y a Unidos-Podemos les mola el totalitarismo. ¡Qué digo les mola! ¡Se les pone durísima con el tema! (y que me perdone la zafia expresión Tania, Irene, o como se llame la favorita ya a estas horas).

Aquella Transición se hizo con un interés último común, a base de política racional y pragmática, y con los pies en la tierra, que es la forma de llegar a acuerdos desde ideologías encontradas. Y a los de Unidos-Podemos les alimenta, condiciona su existencia, lo necesitan como respirar (no diré como ducharse), que las diferencias ideológicas se mantengan y se enconen en el terreno de lo sentimental, de lo irracional, del resentimiento, en un escenario-mundo de unicornios de mentira.

Aquella Transición se hizo con esfuerzo, con concesiones, con sacrificio (muchos incluso con el de sus vidas frente a la ultraizquierda vasca, esa que resulta tan molona a ya sabéis quiénes), sabiendo que lo bueno, lo posible, lo que merece la pena, es difícil de conseguir. Y para los de Unidos-Podemos el esfuerzo y el sacrificio, y todo lo que no sean privilegios de gratis, es fascista, franquista, homófobo, o centralista, según los casos, o incluso todo junto mezclao.

Así que… sí. Iglesias (y Garzón, su mocoseco): lo extraño sería que vosotros celebraseis la Transición que nos trajo esta democracia (tan imperfecta, y por eso tan española y tan nuestra), porque niega esa biliosa existencia política vuestra que vive del resentimiento, del rencor y del odio a la libertad. Esta democracia que os permite a vosotros, bonicos pijos antisistema, vivir del sistema como dios.

No os diré, como Echenique, que me chupéis la minga (que uno no está ya para muchos trotes, aparte escrúpulos insalvables que me impiden siquiera imaginarlo), pero os mandaría como regalo de ese día de “celebración democrática”  —para el caso de que pudierais recibirlo—  todo mi desdén y desprecio, que no mi rencor.

Que el rencor es todo vuestro.

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Autor: carmenalvarezvela

Inconformista por naturaleza. No me resigno a casi nada a no ser que sea irremediable. Defiendo la libertad y la unidad de España. "El peor error es el error de perderlo todo por no haber hecho nada", Emmanuel M. Alcocer. Estudié Derecho y me gano la vida haciendo números.

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